El problema del hambre proyectado en la pantalla grande

Desde un punto de vista personal, la época de oro del cine mexicano ayudó en cierta medida a ... la pobreza seguía prese
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El problema del hambre proyectado en la pantalla grande Cuando el cinematógrafo de los hermanos Lumière llegó a México a finales del siglo XIX, se comenzó a documentar el acontecer de la vida nacional. Dicho invento cambió por completo la forma de ver al mundo, pues los intelectuales de la época como Amado Nervo, lo consideraban un instrumento más de la ciencia que debía mostrar la verdad. La gente a su vez, lo concebía un producto innovador que generaba gran expectación. Salvador Toscano junto con Enrique Mouliné fueron pieza clave en la historia del cine mexicano, al ser los precursores en incorporar argumentos y proyectar escenas de la época a través de documentales. Al paso de los años, la pantalla grande dejó de ser exclusivo de la clase acomodada, pues debido a la modernización del país a principios del siglo XX, fue posible que los habitantes de los barrios populares de la ciudad pudieran disfrutar de las primeras «vistas», entendiendo parte de su realidad desde otra óptica diferente. Desde un punto de vista personal, la época de oro del cine mexicano ayudó en cierta medida a forjar conciencia en el ciudadano. Por ello, en las siguientes líneas se analizan célebres cintas mexicanas que ilustran una problemática que se resiste a ser erradicada y que afecta en la actualidad a millones de mexicanos: el hambre 1 y su estrecha relación con la pobreza, la desigualdad y la pérdida de vidas humanas.

“[…] Ya me cansé de comer puros nopales y tunas”: Dionisio Pinzón, personaje interpretado por el actor Ignacio López Tarso El gallo de Oro (1964) Para comenzar, es importante recordar que, una vez superados los tres siglos de dominio español, la pobreza seguía presente en el México independiente. Incluso, la sociedad novohispana del siglo XVI presentó marcadas diferencias a causa de la desigualdad adquisitiva en tanto, la forma de vida indígena siguió basándose en sus cultivos ancestrales. Aunque la introducción de animales domésticos como el cerdo y la gallina enriqueció un poco su dieta, su deseo de tener una vida más digna continúa a la fecha. En el siglo de las luces, el número de pobres crecía con rapidez, los periodos de hambrunas, los abusos de caciques y los tributos impuestos a los pueblos, llenaron las ciudades de indigentes y en consecuencia, los reportes de salteadores de lo ajeno. El Gallo de Oro, dirigida por Roberto Gavaldón, se considera una de las últimas películas del cine industrial mexicano. Basada en la novela de Juan Rulfo, una cita interesante del personaje se vincula con la escasez nutricional y la insatisfacción de comer siempre lo mismo, nopales y tunas.

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7.4 millones es la cifra estimada referente a la carencia de alimentación suficiente, estable, de calidad y nutritiva según la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Dionisio Pinzón, personaje interpretado por Ignacio López Tarso. El Gallo de Oro (1964).

Lo anterior se entiende mejor, si nos remontamos en el paisaje que antes tenía el país, -muy distinto al actual-. Si bien, el proceso de plantación en los frondosos y verdes valles derivó en una economía de autosuficiencia para las pequeñas aldeas, el chocolate, chile, melón, aguacate, hasta saltamontes, hormigas y larvas -un banquete sin igual- no bastó para que produjeran lo suficiente como para depender únicamente de la dieta vegetal. Macario Al igual que la música y el turismo, a partir de los años 60´s, el cine se convirtió en un medio por el cual México se daba a conocer en el extranjero. El estreno de Macario, tuvo lugar en 1959 durante el régimen de Adolfo López Mateos. A pesar de haber sido una etapa de modernización y logros alcanzados, también hubo una población creciente y necesitada, en el que muchas personas provenientes del campo incentivaron una gran corriente migratoria hacia las ciudades. Nominada al Oscar en la categoría de mejor película en lengua extranjera, Macario cuenta la historia de un humilde campesino que se gana la vida recolectando leña para poder subsistir él y su familia conformada por siete integrantes. Su precaria situación por la que atraviesan y su insaciable apetito, lleva a este peculiar personaje a tomar una actitud egoísta con los suyos. Su deseo vehemente de algún día devorarse un guajolote completo se ve truncado misteriosamente por su deceso. De hecho, una de las primeas escenas ubicadas en un típico ambiente provinciano, -donde a la muerte se le guarda profundo respeto-, la familia se reúne en su choza lista para el menú de todos los días, tortilla y frijoles. Piezas de gran valor económico y nutricional en la entonces Mesoamérica, ya que al ser considerado de origen divino, el maíz constituyó por un largo periodo la base principal de la alimentación. Las circunstancias cambian y hoy, es el cereal más sembrado del mundo, incrementó su precio en 2011 a 100%+ junto con el arroz, llevando a 70 millones de personas en el mundo a la pobreza extrema. La desesperación de los pequeños por llevarse algo a la boca, se ve reflejada cuando la abnegada esposa se da a la tarea de apartar las sobras para su marido. Sostiene la vasija de barro (utensilio

utilizado desde el periodo preclásico 1500 a.C 300 d.C junto con la cesta, el molcajete y el comal) y sirve sobre el plato de uno de los integrantes de la familia la última ración.

Una de las escenas de la película Macario (1959), muestra a la esposa sirviendo la última ración a uno de los integrantes de la familia.

”Miren, miren, que bonita y ¡cuánta comida!” exclama uno de los niños al ver una mega ofrenda colocada en memoria de los fieles difuntos en el pueblo. “Todo eso se van a comer los muertos” expresa uno más, mientras otro dice: “Y si me muero, ¿puedo venir a comer aquí?”, cuya respuesta es dada por la hermana mayor: “Aquí nada más comen los muertos ricos”; ilusión que se consuma cuando las puertas del ventanal donde es puesta la ofrenda, se les cierra tajantemente frente a sus ojos. Otro de los diálogos que llama la atención es la conversación entre los cónyuges, al preguntar la mujer: “¿No tienes hambre?” lo cual molesta a la figura paterna, cuya contestación es: “¿Hambre?...hambre…sino he tenido otra cosa en toda mi vida, como tú, como mis hijos. Nunca he pensado más que en tragar, nos pasamos la vida muriéndonos de hambre”. En ese momento, se le hace «agua la boca» al recordar aquéllos guajolotes horneados en la panadería donde acostumbraba vender por unos cuantos pesos su leña. Su afán por probar carne lo conduce al encuentro con tres hombres enigmáticos para ser -de alguna manera- puesto a prueba. Al término de la película, el protagonista tiene un encuentro desafortunado con la «muerte», quien ya lo aguardaba, explicándole su desenlace irrefutable con el ejemplo de las velas: “A veces soplan los vientos de la guerra, los de la peste […] míralas arder, duran más o menos según la materia que alimenta la flama”. La enseñanza parece ser el lazo de la penuria que acompaña a la vida de los más necesitados hasta el final de sus días. Nosotros los pobres Este melodrama urbano del año 1948, tiene una característica destacada en la introducción, la apertura de un libro hallado por dos chiquillos indigentes mientras pepenaban en un bote de

basura, mientras buscaban quizá algo comestible, así como el storyboard de los personajes secundarios con simpáticos apodos como la Guayaba y la Tostada.

Filme Nosotros los pobres (1948) una de las primeras escenas de dos niños indigentes pepenando en un bote de basura.

A pesar de que la historia se desarrolla alrededor del personaje Pepe el Toro, un humilde carpintero y padre soltero interpretado por Pedro Infante y su hija Chachita (Evita Muñoz), el resto de los actores juegan un papel vital por la solidaridad que muestra «la barriada» ante las preocupaciones de la vida diaria que los aquejan. Con una duración que supera las dos horas, al inicio de la película se hace una acotación en voz narrativa del director Ismael Rodríguez, quien deposita su confianza en el amplio criterio del telespectador. De este modo, deja claro que su intención es presentar una fiel estampa de los personajes de nuestros barrios marginados de la ciudad industrializada, existentes en toda gran urbe donde florece el más grande de los heroísmos al que llama pobreza, realidad que muchas veces supera el drama. Incluso, la sucesión de Nosotros los pobres, se da con Ustedes los ricos, donde se hace la siguiente mención: “Amigos pobres, amigos ricos, vámonos mirándonos de cerca para ver quiénes somos, cómo somos y por qué somos así”. Los Olvidados El estreno del filme a mitad del siglo XX (1950) sorprende también por su entrada narrativa que tiene cabida en el presente: “Las grandes ciudades modernas, Nueva York, París, Londres, esconden bajo sus magníficos edificios hogares de miseria que albergan niños mal nutridos, sin higiene, sin escuela, el niñero futuro delincuente. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. En México, la gran ciudad moderna no es la excepción a esta regla universal”. Este drama social dirigida por Luis Buñuel retrata la situación por la que atraviesan los niños de la calle, los olvidados por los suyos, por los otros, por nosotros, por todos. El Jaibo (actuación de

Roberto Cobo) y Pedro (Alfonso Mejía) son los protagonistas de una historia que se desarrolla partiendo con estos dos chicos, cuyo destino se ven enlazado tras cometer uno de ellos un asesinato aparentemente “no intencionado”, quizá por el efecto de abandono o su predisposición mayor a delinquir. Entre los personajes secundarios destaca Don Carmelo «el ciego» quien desempeña un rol clave en la película de principio a fin. “Les voy a cantar la canción, no más que les va a costar un peso. Yo, pa comer frijoles tengo que cantar. Suben los frijoles, suben las canciones”. Otro diálogo que retrata fielmente el hambre se da en la escena de la familia del niño Pedro conformada por la madre soltera -víctima de la ignorancia-, quien se gana la vida lavando ajeno para poder mantener en la medida de lo posible a sus tres hijos. “Mira no más, ¡carne!” pronuncia la hermana menor cuando están a punto de comer una pieza de pan blanco con salchicha. En ese momento, Pedro llega de la calle -su refugio predilecto hecho costumbre-. Éste pide una ración argumentando: “Tengo hambre”. Sin embargo, se le niega el derecho2, una vez que su progenitora le demuestra su constante rechazo al argumentar: “Pues que te den de comer los vagos con esos con quienes andas”. El primogénito no haya remedio más que tomar arrebatadamente el pan de la mesa y salir corriendo hacia su refugio. Otro de los personajes secundarios es el padre de la víctima de homicidio, quien bajo los efectos del alcohol se da el valor de gritar a los cuatro vientos su afligida existencia: “Me mato trabajando para que comamos tú y yo”.

Los olvidados (1950) escena en la que Pedro -uno de los protagonistas de la película- pide una ración de pan a su madre.

Una cita más, es el del director de la escuela de oficios (Francisco Jambrina) quien tras percatarse del comportamiento agresivo de Pedro, decide darle una oportunidad. “Enciérrenlo para que se calme […] y procuren que le den de comer bien, que con el estómago lleno todos somos mejores”, 2

De acuerdo a lo estipulado en el Art.4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece que: Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad.

ordena el directivo, quien no tarda en escuchársele “[…] si en lugar de a éstos pudiéramos encerrar para siempre la miseria…” El Gallo de Oro, Macario, Nosotros los pobres y Los olvidados son tan sólo algunas de las producciones cinematográficas que han tocado un problema conocido desde los tiempos de los faraones, pues en el mundo de hoy, hay cada vez más personas, más automóviles, más sensibilidad, más acceso a la información, más dudas y también, más hambre. Tal como expresó el primer mandatario de México: “El hambre para muchos es, quizá, una verdad ignorada, hay quienes no la conocen, otros quizá no la aceptan, y algunos ni siquiera se atreven a mencionarla”3, cuya administración buscará revertir el escenario de carencia alimentaria que permea en el país. Pregunta para el lector: ¿Qué producciones cinematográficas de ayer y hoy, consideras abordan el problema del hambre?

Fuentes: Filmoteca de la UNAM. Aurelio de los Reyes. Lustro 1. Y cuando el cine llegó…1900 -1904. El Gallo de Oro. Dir. Roberto Gavaldón. Basado en la novela homónima de Juan Rulfo. México. 1964. Macario. Dir. Roberto Gavaldón. Guión Emilio Carballido y Roberto Gavaldón, México. 1960. Nosotros los pobres. Dir. Ismael Rodríguez. Guión. Carlos González Dueñas. México. 1948 Los olvidados. Dir. Luis Buñuel. Guión. Luis Buñuel, L. Alcoriza, Max Aub. J Larrea, Pedro de Urdimalas. México. 1950.

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Discurso del Presidente de la República, EPN en el inicio de la CNCH en Las Margaritas, Chiapas, 21 de enero. Año 2013.